HISTORIA

Lo que hoy es la ciudad sorpresa de Colombia, antiguamente se conocía con los nombres de Villaviciosa de la Provincia de Hatunllacta, Villaviciosa de la Concepción, Villaviciosa de Pasto y Villa de Pasto para llegar al nombre actual San Juan de Pasto. Se dice que este último se le dio en homenaje a la princesa doña Juana, hermana del rey Felipe II, quien firmó los documentos que concedieron el título a la ciudad. Es una de las ciudades más antiguas de América y de Colombia.

Además por el espíritu combativo de sus moradores, en el siglo XIX se la llamó “La Leona de los Andes”; la Vendée Americana, “donde el amor al rey y la fidelidad a Castilla llevó a extremos de sublime heroísmo” y posteriormente “Ciudad Teológica”.

Pasto es una palabra de origen quechua que significa “río azul”. Pastos se llamaron las tribus que habitaron las regiones de Túquerres e Ipiales. Refiriéndose a sus habitantes, Cieza de León escribe que “todos estos pueblos y caciques tenían y tienen por nombre Pastos, y por ellos tomó el nombre de Villa de Pasto”.

Diego de Tapia, alcalde de San Francisco de Quito, Pedro de Añasco y Juan de Ampudia, enviados desde dicha ciudad por el Gobernador y Capitán Sebastián de Belalcázar, fueron los primeros conquistadores que, en 1535, llegaron a la provincia de Quillacinga; la región mejor organizada que encontraron los españoles en el sur de la patria. Los Quillacingas ocuparon un territorio limitado por el norte con el río Mayo; por el sur con el río Guáitara y el pueblo de Puerres; por el oeste con el río Patía (desembocadura del Guáitara) y por el oriente con el Valle de Sibundoy.

Estos aborígenes, en sus creencias religiosas, fueron demonólatras y totémicos. Rindieron culto al sol, al agua, a la rana, a la serpiente, al mono y a otros animales y elementos. En sus creencias llegaron hasta el sacrificio humano. Fueron especiales sus ritos funerarios; cavaban grandes y profundas sepulturas donde enterraban a los difuntos con todos sus haberes y alimentos para el largo viaje del más allá. Y fueron también antropófagos, belicosos e indómitos. Apelaron a las armas para defenderse de los invasores. Su fiereza impidió muchas veces la fundación de Pasto. Utilizaron como armas palos y piedras, pocas lanzas y mal hechas. Modelaron el barro con técnica y buen gusto; elaboraron ollas, cántaros, compoteras y silbatos. La estatuaria, tanto en piedra como en barro, acusa una gran comprensión del arte decorativo. Su cultura pertenece al período que los arqueólogos llaman de integración. No quedan vestigios del idioma. Quillacinga quiere decir “media luna”, “narices de luna”, para algunos y “oro en las narices” para todos.

 

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La ciudad cuenta con un sistema integrado de trasporte y el servicio se presta desde las 5:30 de la mañana hasta las 10:00 de la noche y tiene un costo de 1500 pesos colombianos. El servicio de taxi en la ciudad es de 24 horas al día y tiene un costo aproximado por carrera, mínimo de 4.000 pesos colombianos.


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